Una experiencia para sentirse viva, acompañada, cuidada y querida


Detrás de la sonrisa de Rita hay años de lucha silenciosa. Seis años viviendo prácticamente sin salir de casa, entre un sillón relax y una silla de ruedas, viendo cómo los días parecían repetirse una y otra vez. Las múltiples operaciones de columna y un cáncer agresivo que obligó a una mastectomía hace poco más de dos años cambiaron por completo su vida. A ello se suma la enfermedad de su marido y de su hijo, una situación que le impedía incluso algo tan sencillo y tan necesario como salir a pasear, sentir el aire en la cara o disfrutar de un jardín.
Por eso, para Rita, este deseo significaba mucho más que un viaje. Era volver a sentirse viva. Era volver a salir al mundo, a sentirse acompañada, cuidada y querida.
Durante todo el camino a Madrid, no dejó de llamar “sus ángeles de la guarda” a los voluntarios que la acompañaban. De sus palabras solo salían agradecimiento, cariño y emoción. Hablaba constantemente de la generosidad de quienes habían hecho posible ese día y de cómo una labor así es algo tan grande que las palabras apenas alcanzan para describirlo. Y es que hay momentos que transforman por completo.
Desde la Fundación Ambulancia del Deseo agradecen profundamente a Rita por su ternura, por sus muestras de afecto y por recordar a todo el equipo que la felicidad puede ser inmensa cuando alguien consigue cumplir un sueño que creía imposible.

