El pasado 10 de octubre, tuvimos el enorme privilegio de acompañar a Isabel Inmaculada, ingresada en el Hospital San Lázaro de Sevilla , junto a su marido y su prima, para cumplir uno de sus mayores deseos: volver a sentir la brisa del mar y disfrutar de un día en la playa de Matalascañas.
Desde el primer momento, Inmaculada nos recibió con esa mezcla tan bonita de nervios y emoción, con una sonrisa que hablaba por sí sola . Su prima Isabel viajó con ella en la Ambulancia del Deseo, y durante el trayecto no faltaron las risas, las miradas cómplices y la ilusión que llenaba cada minuto.
Antes de llegar al mar, hicimos una parada muy especial en la Ermita de la Virgen del Rocío. Allí, Inmaculada pudo rezar, encender velas por su familia, sus amigos, su equipo médico y por todos los voluntarios que hacen posible estos momentos tan mágicos.
Cuando por fin llegamos a la playa… Inmaculada no podía contener la felicidad. Su sonrisa iluminaba todo a su alrededor. Bajo un techado de cañizos, disfrutamos de un día inolvidable lleno de cariño, risas y mucha vida.
Fue una jornada mágica e irrepetible, en la que Inmaculada saboreó cada segundo, cada ola, cada mirada. Y al despedirnos, su sonrisa nos recordó por qué hacemos lo que hacemos.
Queremos dar las gracias de corazón al personal de coordinación de la playa de Matalascañas por facilitarnos el acceso, y al Hospital San Lázaro, especialmente al equipo médico de Inmaculada.
Gracias a todos ellos, Inmaculada pudo vivir un día lleno de luz, amor y esperanza.

